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A 60 años del regreso de San Vicente Gola

A 60 años del regreso de San Vicente Gola

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Luego de tomar el pueblo a sangre y fuego, el gobernador del estado Felix Díaz Mori, entró a caballo a la iglesia de San Vicente, ordenó que se bajase al santo patrón, le puso una soga en el cuello y lo arrastró por las calles ante el asombro de su propia tropa y la impotencia de los juchitecos.

            En la misma iglesia había encerrado al jefe político de Juchitán, el coronel Máximo Pineda, héroe de la batalla del 5 de Septiembre, y luego de pedir un cuantioso rescate a su familia, lo fusiló en el atrio. Hubiera querido hacer lo mismo con el máximo héroe de los juchitecos Albino Jiménez que se le había rebelado en ese año de 1870 junto con los bravos juchitecos, pero “Binu Gada” escapó.

            Severa debía ser la pena para los rebeldes, entre ellos los vecinos de San Blas a cuyo primer presidente municipal, Mateo Jiménez, fue también asesinado. Escribe el historiador Gubidxa Guerrero que el Chato Díaz no tuvo piedad con mujeres, niños y ancianos. El pueblo fue incendiado recordándose como el pasaje más violento en la historia del pueblo.

            Noventa y cuatro años después, envuelto en el mito histórico y el pasado doloroso, el santo patrono original, el “gola”, el viejo, el grande, el que se creía desaparecido, era esperado a la altura del rancho Pepe y Lolita, el pueblo se vació para ir a recibirlo. “Tenía yo 7 años, pero recuerdo que fue el gran acontecimiento, hubo madrinas que recogieron apoyos entre el pueblo para hacerle una corona de oro, el cual tuvo” dice Vidal Ramírez Pineda Director de la Casa de la Cultura.

            En una vieja libreta en donde apuntó desde 1962 sus memorias, Gerónimo Vásquez Márquez el “Güero Meño”, con mano temblorosa abre la página en donde aparecen con letras azules: “1964. 10 de Octubre. Hoy regresó el viejo patrón San Vicente Ferrer, mutilado, pero triunfante después de 94 años”.

            Siete años antes, en 1957, el músico oriundo de Ixtepec, era jefe de brigada de la Comisión Nacional para la Erradicación del Paludismo (CNEP), les había tocado rociar el pueblo de San Blas, recuerda que todas las casa estaban rodeadas junto con sus patios con cercas de carrizo.

            En una de aquellas casas los recibió una viejita, “cómo teníamos la orden de fumigar todo vimos un cuartito que estaba cerrado, entonces le pedimos a la anciana, que tenía como noventa años, que lo abriera, ella se negó rotundamente, ‘ese cuarto no se puede abrir, porque mis abuelitos dejaron dicho que no se abriera nunca’ nos dijo”.

            Ante la negativa, el jefe de brigada acudió al Palacio Municipal en donde obtuvo el apoyo de unos soldados para obligar a los de la casa a abrir aquél cuarto para que fuera fumigado. Al regresar uno de los rociadores ya había abierto el cuarto.

            “No me vas a creer había varias pulgadas de polvo acumulado, había ollas, palas para hacer pan, para esto la viejita lloraba, mientras sacábamos las cosas, hasta que uno de los compañeros llamado Heriberto López, también de Juchitán, encontró un bulto. Luego de limpiarlo el mismo Ta Heri dijo: ‘éste es mi hermano’ y lo cargó, decía que era San Vicente”.

            La anciana imploró que no se llevarán el santo, lo que no hicieron, pero le aconsejaron que lo pusiera en el altar y le pusiera flores y veladoras. “Le faltaba una mano y un pie, que había sido quemados, y ahí se quedó, yo lo ví una segunda vez en San Blas porque teníamos que rociar cada seis meses y después ya de regreso”.

            Gerónimo Vásquez relata que después la anciana contó que uno de sus antepasados que había ida a Juchitán, de regresó encontró al santo que milagrosamente no había sido consumido por completo y había logrado salvar gran parte.

            La noticia no pasó a mayores, hasta que el dueño del Tenampa los escuchó narrar la historia en su cantina a Güero Meño y a Heriberto López, “Nucu Bolán luego anduvo diciendo que había encontrado a San Vicente y que estaba en San Blas” dijo el Güero Meño que lo recuerda nítidamente a su más de ochenta años.

            Vidal Ramírez Pineda asegura que fue Víctoriano López, padre de los músicos y compositores Mario, Guajiro y Gustavo López, que era funcionario del Ayuntamiento el que impulsó la idea del regreso de la efigie, para ello convenció al párroco de aquel entonces y a las socias de la iglesia para éste propósito.

LA DEVOCION A SAN VICENTE EN LA PAZ Y EN LA GUERRA

San Vicente, el santo dominico traído de España, fue adoptado de tal manera que los juchitecos del pasado siempre lo consideraron como juchiteco, existen historias de su niñez y sus milagros en Juchitán. Su devoción en la historia juchiteca registra desde su bajada para traer lluvia hasta la invocación de su nombre en las innumerables batllas que protagonizaron los juchitecos.

            Por eso grande fue la afrenta de el Chato Díaz hacia los juchitecos que le hicieron pagar con una muerte cruel y oprobiosa. Volviendo al historiador Gubidxa Guerrero quien escribió:

            “El Gobernador fue atado a un caballo y arrastrado por el campamento, tal como él hiciera con el Santo Patrón de Juchitán. Con la ropa desgarrada y la piel sangrante, los soldados descalzaron a El Chato, y con un filoso machete le cortaron las plantas de los pies, dejándolo sin piel (recordemos que él trozó los pies de San Vicente, al no caber en la caja donde lo transportó). Acto seguido lo obligaron a caminar en la arena caliente (otros refieren que sobre carbón al rojo vivo). Las palabras que Félix Díaz escuchaba de los juchitecos eran una repetición constante de ‘acuérdate de San Vicente’. Finalmente al Gobernador de Oaxaca le cortaron los genitales y se los introdujeron en la boca, con lo que la humillación que él propinó, estaba saldada.”

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