A 39 años del asesinato del poeta Alejandro Cruz Martínez su obra poética pervive
Gerardo Valdivieso Parada
Cd. Ixtepec, Oax.- Ese mediodía en una calle de Tehuantepec el poeta Alejandro Cruz Martínez no llevaba en su morral más arma que su poesía, donde encontró la muerte el 24 de septiembre de 1987 de un balazo en la cabeza en la ciudad de Tehuantepec.
Los campesinos con los que iba señalaron a pistoleros del PRI de Ixtepec como los responsables de su asesinato, luego de que logrará un acuerdo para la perforación de pozos para un barrio de su pueblo natal Ixtepec.
Con sólo 27 años se cortó el destino del que hubiera sido uno de los más grandes poetas oaxaqueños, así lo atestiguan sus escritos que a su corta edad ya prefiguraban a un maestro de las letras.
Si su intensa vida lo atestigua su poesía, su trágica muerte fue una muestra final de su lucha política por el bienestar de su pueblo, la que inició desde las aulas de la Escuela Normal Urbana Federal de Ixtepec (ENUFI) y luego en los pueblos del Istmo.
En la lucha política era un dirigente radical, por eso tuvo acaloradas discusiones con los altos dirigentes de la COCEI que quisieron acotarlo, por eso le había confiado a su esposa que si muriera a edad temprana no dejara pasar a sus compañeros dirigentes a su sepelio.
En la poesía también estuvo a la vanguardia, desde sus primeros poemas gana una beca para asistir a un taller de poesía en el INBA donde conoce a David Huerta, Tito Monterroso, David Ojeda, Gustavo Sainz, entre otros.
Estuvo también inbuido en el ambiente cultural de la ciudad de Oaxaca en donde funda con otros escritores, algunos también periodistas, la Asociación de Poetas y Cuentistas de Oaxaca (APOCO).
Gracias a su persistencia y disciplina en la escritura tuvo una gran producción a temprana edad mas que sus contemporáneos con quienes tallereaba en la casa de la Cultura de Juchitán, bajo la protección del poeta Macario Matus.
Logró publicar poemarios como Hagamos una Pinta al cielo, Se cancela por olvido (1984), Historias que el Tiempo no Registra, poemas escritos para ser llevados al teatro (1986), 16 Mentiras y un perfil biográfico de Manuel Palomec (1987), en 1988 se le publicó en forma póstuma Palabra Reunida.
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