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Anécdotas de Guie’ Cheguiigu’

Anécdotas de Guie’ Cheguiigu’

Gerardo Valdivieso Parada

La inspiración, las musas, llegan en los momentos más inverosímiles, para los que creen en la inspiración. Es el caso del compositor Luis Demetrio y su famoso bolero “La puerta se cerró detrás de ti”, que sí es cierto la compuso luego de una ruptura con su pareja, no fue ella al cerrar la puerta lo que inspiró al músico yucateco, sino cuando la muchacha de la casa, después de llevarse la ropa sucia, al cerrar la puerta tras de sí fue la chispa que encendió el pabilo del inicio de la canción. En el caso de Pedro Cabrera “Baxa”, he oído dos versiones sobre la manera en que el poeta recibió a las musas para inspirarle el himno del barrio de Cheguigo. Una cuenta que luego de una borrachera, se despertaba de su modorra cuando vio pasar la regada muy cerca de donde estaba tendido cuando concibió la canción. Otro relata que, viendo el convite, a la hora que pasaba el toro, un niño se soltó de la mano de su abuela para ir a ver al animal, y su cuidadora al correr tras él, cayó al suelo tal vez propiciado por su “renda” (enredo), fue la imagen que inspiró la narración de Guie’ Cheguiigu’. Como sea, la canción es un retrato poético de la época, con imágenes que nos tocó todavía ver. Recuerdo de forma especial, cuando el viejo flautista era acompañado por su tamborero y a sus costados: dos hileras de niños ejecutando los caparazones de tortuga, sostenidos por cintas rojas que colgaban de sus cuellos, dando vuelta en la encrucijada de las calles Cuauhtémoc, Pino Suárez y callejón de los cocos, dejando sus huellas en la arena. La pieza que ejecutaba el pitero, una y otra vez, era “carreta guie’”, un corto son autóctono, inspirado en la marcha de las carretas adornadas, que avanzan sin contratiempos, que al final tiene un dejo de adiós alargado en el timbrar de la flauta. Esa sola flauta de carrizo, como una aguda voz solitaria, que ahora lo han vuelto sinfónica, con un conjunto de flautas que tocan monótonamente los sones al unísono, diluyendo su sonido que debía ser prístino por único. Se entiende que los adolescentes aprendices se sientan más cómodos sonando la flauta en montón, pero la soledad del “carrizo inflado de aire” nos devela el espíritu del son, ya sea dedicada a la huidiza iguana o a la poética soledad del alcaraván. Hubo excelentes ejecutores de la flauta, en la que lleva el primer lugar el trovador Hebert Rasgado, nos han maravillado al aprovechar el aire en todos los recovecos de los orificios en la flauta para sacarle música, había también que mencionar a los que han sido grabados como Germán López López, José Luis Morales Sánchez “Pepe”.
Sobre la música de Guie’ Cheguiigu’ se han disparado las opiniones. Pedru Baxa, no pretendió ser compositor, ni que se escucharan, ejecutaran, ni que se grabaran sus creaciones. No fue músico sino poeta. Al no tener papel y lápiz ni saber escribirlas, grabó en su memoria las que pudo -siempre sobre la base de la música que escuchaba en la radio o del dominio popular- las que más le pedían que recitara a la hora de la copa. El joven Felipe Toledo, también de una gran memoria, grabó algunas de esas canciones, no sin antes pulirlas del español que llevaban adheridos, sin que el autor se lo pidiera. Ta Pedro no sabía lo que era el plagio, porque sólo jugaba, y jugando hacía poesía. Ahora salen los jóvenes a juzgarlo, los que se pretenden compositores, que no le llegan ni al polvo de sus guaraches cuando componen sus melodías en zapoteco sin naturalidad ni profundidad filosófica, forzadas y falsas, cuando su finalidad vana es obtener notoriedad, y la fama de ganar concursos.
Además de esta música altiva, épica, alegre, que llama a la danza, a la marcha, no es nada sin la letra, es todo eso por la crónica del convite: es la tarde taciturna que se insufla, que se levanta en gritos por las calles, es por el torito, reminiscencia de nuestro pasado campirano, rural, nuestra relación primigenia con la tierra, (a principios del siglo pasado Miguel Covarrubias escribió en El Sur de México, que los del centro consideraban a los que estaban al otro lado del río como salvajes que aún usaban taparrabos). A través del animal, que se pretende bravo, se constata el valor de los hombres del barrio, que embriagados de la euforia general y por el mezcal se acercan temerariamente a recibir una patada o a ser cornados. La mujer zapoteca en ritmo continuo, en hileras de banderas y de azucenas, (la flor reverencial y olorosa de antaño, hoy importada de otras partes), y las juchitecas que obsequian los regalos a su paso, son el admirar de los visitantes que se corona con el estribillo: biaa gu’yu’, biaa gu’yu’. Todo se resume en una flor olorosa, ¡qué hermosa flor de Cheguigo!, la más querida y apreciada, orgullo del barrio que era en el pasado sólo jardines. En un signo de hermandad, el barrio de campesinos recibe la solidaridad de los pescadores de las lagunas que viven al otro extremo del pueblo, que cierran la procesión, aventando sus atarrayas, que sorprenden a los despistados con el peso de sus plomos sobre las cabezas.
Guie’ Cheguiigu, es la regada, orgullo del barrio, la que se pretende cada año sea más numerosa, en damas con resplandores, en capitanas y capitanes con sus pendones multicolores, en carretas adornadas. También la música que la acompaña cada vez con más orgullo es el himno que lo inunda. El político y funcionario Héctor Matus lo llevó a los más altos límites, hasta los niveles del absurdo, al contratar a un conjunto musical instalado a la entrada de Cheguigo que tocara exclusivamente la pieza, sin atreverse a tocar una diferente a lo largo de horas, desde el mediodía hasta en la tarde, hasta el hartazgo. Aún con sus excentricidades, que incluso fue objeto de la burla del vulgo, tenía un amor sincero por su barrio y por su gran convite, que quiso engrandecer a su manera. No la contaminó con su interés político, que lo puso muy aparte

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