Cargando ahora

En miércoles santo los juchitecos visitan el panteón de Cheguigo

En miércoles santo los juchitecos visitan el panteón de Cheguigo

Gerardo Valdivieso parada

Juchitán, Oax.- Para los zapotecos la tumba del panteón es su verdadera casa, es una frase recurrente entre los ancianos para resaltar la fragilidad de la vida y la intrascendencia de los bienes materiales. En semana santa se vuelve un ejercicio real, los panteones se vuelven para los vivos su casa, ahí descansan, comen con sus muertos, reviven recuerdos, ríen, lloran. Este Miércoles Santo le tocó al panteón ubicado en la Octava Sección.

Las ancianas zapotecas en Juchitán acuden de manera obligatoria al panteón los días primero del año occidental y del año zapoteco del calendario ritual. Costumbre heredada de sus ancestros, acuden a limpiar la tumba, colocar flores y a sentarse con sus muertos desde muy temprano el día primero de cada año.

Pero el día más acudido es en semana santa que coincide la mayoría de las veces con los primeros días del biye’, el calendario ritual de los zapotecos, por eso consideran esta costumbre pagana, ajena a la ritualidad cristiana, porque los zapotecos no esperan el día de la resurrección para encontrarse con sus muertos, convivir con ellos, en algunas tumbas hasta cuelgan hamacas, en donde descansan con sus difuntos, esto dura hasta la alta noche, mientras en la explanada del panteón se degusta comida típica, dulces y alcohol.

Aunque la mayoría acude a las tumbas a dejar flores con cierta periodicidad, principalmente las mujeres, en estas fechas acuden a los panteones toda la familia, incluso familiares de otras partes aprovechan para encontrarse con sus parientes y con sus conocidos. En este día las flores desbordan las tumbas, ni importa el precio. Algunos sólo se acuerdan de sus muertos en esta celebración.

En este día se abren las enormes tumbas familiares en donde caben hasta tres sepulturas, en donde se reúne varias generaciones, pero también hay tumbas nuevas de palma, tumbas diminutas en donde los familiares se acomodan en los pasillos, algunos llevan sillas, comida, bebida, y otras llevan sólo flores y se sientan sólo unas horas.

Pero la celebración empieza desde la madrugada y sigue hasta la noche en donde deambulan entre las tumbas pequeñas bandas de viento, guitarristas, no hay música triste, se tocan sones y piezas que gustaban al difunto.

Terminado el día miércoles al otro día se acumulan montañas de basura, algunos no se acordaran de sus difuntos hasta dentro de un año, mucho menos de la basura que dejaron en la víspera. Sólo las ancianas zapotecas, las guardadoras de la tradición, las que se avocan a sus vivos y a sus muertos acudirán a limpiar las tumbas de las flores secas que aromaron y las desbordaron de colores

Share this content:

Publicar comentario