Cargando ahora

 Xandu’

 Xandu’

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Dice el sermón zapoteca que antes que algo fuera, que algo existiera en la profunda oscuridad de la nada, al principio fue el aire, el viento que hizo aparecer la luz que dio origen a la vida; hay una frase que repiten los ancianos juchitecos “uno viene al mundo con una deuda que sólo se paga con la muerte”.

                El viento de octubre es el mismo viento primero, el biyoxho el más viejo de todos los vientos, el aire mañoso que en momentos es una caricia, de un caminar suave y lento y que de repente cobra fuerza, silba en los callejones y arremete contra puertas y ventanas, es el mismo viento que trae en sus espaldas todas las almas de los difuntos que llegan a las casas de sus deudos el 30 y 31 de octubre de todos los años.

                Los preparativos de la celebración del Xandu’ empieza desde el 22 de octubre con los rezos para los difuntos que colgarán el biye’ la ofrenda propia de los zapotecos o erigirán el altar de siete o nueve escalones, las vecinas acudieron todas las tardes a responder a las letanías ante el altar familiar en donde preside la foto del difunto reciente, “que a los tres meses de muerto ya tiene el permiso de los dioses para retornar” dice el investigador Tomás Chiñas Santiago.

                En la víspera, en la mañana, se representó una escena que se repite desde antes de la llegada del cotilicismo, una tradición tan antigua como el origen de los zapotecas cuya estela histórica proviene de hace 10 mil años según los expertos, las mujeres zapotecas se reúnen para elaborar el antiquísimo guetagubere, el tamal de mole negro que se prepara en las primeras horas del día para servir como ofrenda en el altar y como pago a la visita de los parientes.

                Por su parte los vecinos y parientes varones se organizaron para armar el biye’ la intrincada trama de varas que denominan beedxe’, (jaguar en español, el animal sagrado que representa la tierra, el dios antiguo de los zapotecos no por nada Monte Alban es el Cerro de los Siete Tigres y Tehuantepec el cerro del tigre), a esta estructura amarran ramas de cordoncillo, cempasúchil y cresta de gallo, además de panes y frutos, el armazón multicolor lo elevan frente a la mesa del santo y a sus costados cuatro columnas de madera al que son amarrados platanares.

                En medio de los cuatro horcones se coloca en el piso un petate nuevo en donde se instalan los tamales, frutos, bebida y alimentos que apreciaba el difunto en vida, se enciende cuatro sirios más las veladoras que traen los parientes y amigos, todo se ahúma con el copal. En las puertas se arman arcos de arboles de plátano o caña en donde cuelgan naranjas, limas y manzanas.

El poeta Víctor Terán explica los tiempos y las características del día de muertos entre los zapotecos: “Biyé’ o Xandu’ es la fiesta a los muertos que en Juchitán se realiza en el domicilio de las familias, no en el panteón como sucede en otras culturas, en los días 30 y 31 de octubre”.

“La celebración a los muertos en Juchitán, se conoce como Xandu’ o Biyé’ o Biguié’, aunque los binnizá de ahora llaman Biyé’ al retablo de flores, frutas y panes que preside los altares en esta época, que consiste en un armazón cuadrado de pencas resistentes, que se forra de flores de guie’daana’-cordoncillo y guie’ biguá-cempasúchil, rematado con una cruz hecha con flores Cresta de gallo” detalla.

Tomás Chiñas Santiago presidente de la organización cultural Tona Taati, nos dice que le biye’ es también el nombre del calendario ritual zapoteca, en el armazón de varas sin flores se puede vislumbrar el trazado del beedxe’ en su entramado de está contenido la visión de los antepasados del universo.

                Hay familias que celebran el Xandu´, en la pequeña sala erigen un altar de siete escalones, número mágico de la cultura zapoteca, hay otras de nueve escalones, los nueve niveles del inframundo, las nueve cuartas que mide la profundidad de la fosa en donde se deposita los restos de un difunto en la costumbre indígena.

                Según la antigua creencia el 30 de octubre el xandu’ se dedica a los niños y el 31 a los adultos, actualmente el lado sur y la octava sección celebran el primer día y el segundo el centro y el lado norte, una división hecha por razones políticas de hace más de cien años cuando la ciudad se dividía en los bandos “rojo” de los oficialistas y el “verde” la de los rebeldes.

                 En las calles, se ve el ir y venir a las mujeres juchitecas, cuando acuden cargando una bandeja con cempasúchil o cresta de gallo y una veladora, cargan también con la limosna que entregaran al pariente más cercano al difunto que se le celebra su Xandu’; cuando retornan de su visita van cargando sus tamales. En ese trajinar los acompaña el viento, el viento de la vida el viento primero de la creación, el biyoxho el mismo que trae a las almas y se les llevará el 2 de noviembre cuando retornen cargados de las ofrendas.

Share this content:

Publicar comentario