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La batalla del 5 de septiembre y la estrategia de tierra arrasada

La batalla del 5 de septiembre y la estrategia de tierra arrasada

Gerardo Valdivieso parada

“¿De qué están hechos estos hombres? mira que incendiar su propia ciudad, así no es la guerra” dijo Napoleón cuando veía incendiarse la ciudad de Moscú desde el Kremlin, según apuntó su ayudante más cercano el marqués de Caulaincourt. El abandono e incendio del corazón de Rusia, fue parte de la estrategia de “tierra arrasada” que utilizaron los generales rusos Barclay y luego Kutúzov durante la invasión napoleónica de 1812. El mariscal Barclay como jefe del primer ejército de Oriente, sabiendo que el invasor le doblaba en número, no los enfrentó sino los atrajo hacia los penosos caminos quemando todo a su paso para no dejarle nada al enemigo, ni siquiera forraje para los caballos. Por la presión del ejército y del propio zar de Rusia Alejandro I, tuvo que enfrentar a Napoleón en el sitio a la ciudad de Smolensk, que luego de luchar abandonó y quemó. Al ser Barclay de origen escocés, el pueblo no lo consideraba ruso pero sí traidor por no hacer frente a los invasores, por lo que el emperador escogió a Kutúzov, que aunque había perdido ante Napoleón en Austerlitz, era popular entre el ejército. Kutúzov mantuvo la estrategia de su antecesor, pero no pudo eludir el enfrentamiento con las tropas napoleónicas en Borodinó a la entrada de Moscú, una batalla sangrienta con miles de bajas de ambos bandos. Kutúzov prefirió salvar a sus cien mil soldados y abandonó la ciudad para dirigirse a Moscú, en donde se decidió junto con el emperador no hacer frente a los invasores y abandonarla. Napoleón no fue recibido por una comitiva para entregarle las llaves de la ciudad, la encontró vacía y en la primera noche de su estancia se empezó a incendiar la ciudad. Ante la inminencia del invierno, Napoleón dio marcha atrás, perdiendo en esta campaña a cientos de miles de soldados entre franceses y de otros países sojuzgados que murieron de hambre y frío, de más 600 mil hombres con que inició la campaña, abandonó Rusia con apenas alrededor de poco más 50 mil.

Casi medio siglos después, el coronel Crisóforo Canseco comandante del Batallón Zaragoza, decidió poner en práctica la vieja estrategia de guerra ante la inminente llegada del ejercito imperialista al pueblo de Juchitán. Seguramente hubo resistencias a su decisión, siendo los juchitecos tan iracundos y de una tradición guerrera no les habría caído bien retroceder ante el enemigo y abandonar el pueblo. Sin embargo, estando hermanados en torno a San Vicente Ferrer, se unieron en la decisión de la mayoría y de los altos mandos militares juchitecos. Se procedió entonces a dejar las casas y llevarse todo al llamado sitio Pozo Peralta que se convirtió en el lugar de operaciones. Desde el 4 de septiembre se procedió a hostigar el enemigo que había salido de Tehuantepec y que por las lluvias de septiembre procedió a rodear entrando por los pueblos vecinos de Ixtaltepec y Espinal. Se dieron los primeros enfrentamientos en el río Las nutrias, según los reportes del entonces soldado Francisco León. Se dieron las primeras bajas en la entrada y en el centro de un pueblo de callejones en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, siempre en retirada. Se mantuvo siempre en hostigamiento a los invasores, sin dejarlos descansar. El cabecilla tehuano, Remigio Toledo que se había unido a los imperialistas, “olió” la trampa y abandonó a los franceses y los imperialistas apenas llegado al pueblo.

Al ser una estrategia bien planeada y siendo algunos de los juchitecos con experiencia militar, habiendo ya enfrentado a los franceses en la primera batalla de Puebla en 1862, la escena de los hombres derrotados de regreso al Pozo Peralta y la arenga de las mujeres para levantarles el ánimo no es más que un invento literario. Pues luego de descansar, a la primera hora del día 5 de septiembre, se llevó a cabo un movimiento de pinzas, en donde varias fuerzas juchitecas procedieron a rodear al enemigo en los frentes norte, oriente y poniente, dejando a propósito libre el flanco sur para el escape del enemigo por las zonas lodos y pantanosas hacia Tehuantepec. Reivindicando su tradición de lucha, hombres y mujeres, hicieron frente a los invasores franceses representados en el 91.º Batallón de Línea, apodado “Cola del Diablo” más otras fuerzas imperialistas, todas comandados por Luciano Prieto. El invasor fue casi aniquilado en su desfogue hacia las zonas pantanosas, dificultando su huida y defensa por no saber moverse en el terreno.

La estrategia de no pelear frontalmente con enemigo para evitar la derrota y en cambio apostar por su desgaste, está registrado desde el siglo III antes de Cristo, cuando el líder cartaginés Aníbal cruzó los Alpes para invadir Italia. Los romanos escogieron a Quinto Fabio Máximo como dictador para enfrentar al enemigo, quién ante las continuas derrotas evitó el enfrentamiento a campo abierto y optó por el desgaste y el hostigamiento del enemigo, lo que se llamó la “estrategia fabiana”

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