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Peter, el inglés que se volvió en Juchitán campesino y maestro pizzero

Peter, el inglés que se volvió en Juchitán campesino y maestro pizzero

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Con cuarenta y siete años de vivir en esta ciudad, Peter Alan Hiscock, ya tenía adoptado las costumbres zapotecas como la de cenar totopo, queso y mantequilla, y repetir ante las situaciones adversas una frase en diidxazá, su muletilla para cualquier ocasión: “chahui, chahui” (poco a poco).

Nacido en Blansgore, en la costa sur de Inglaterra, cerca del canal de La Mancha, llegó a los 31 años a Juchitán, y a los 79 falleció en esta tierra el pasado martes con el sepelio acostumbrado en la Octava Sección, Cheguigo, de dónde es su esposa Laura López Castro con quien compartió casi medio siglo de vida.

Su fallecimiento no trascendió, era conocido por los que convivieron con él como “el gringo” y en la ciudad era conocido por la pizzería que lleva su nombre, que heredó a su hijo Robert, pero este último emprendimiento es apenas la mitad de su trabajo pues tuvo una labor que no se advierte, aunque su resultado lo tenemos en nuestra mesa: se dedicó arduamente a trabajar el campo.

Luego de terminar sus estudios como ingeniero mecánico tornero, con otros dos amigos salió de su país a recorrer el mundo en un automóvil, llegaron hasta la India y en Nepal vendieron su vehículo para volar en avión a Australia, fue ahí en donde Peter encontró el vínculo con Juchitán.

Mientras laboraba en aquel país se hizo amigo de una australiano que se llama Geoff, que a la vez era amiga de una juchiteca que había ido dar a Australia: Edith Bartolo Marcial, hija de los dueños de la afamada tienda “La casa del Pueblo”.

La juchiteca se llevó consigo a Geoff para presentarlo a sus padres, luego se casaron. Geoff le habló a Peter de Juchitán y lo animó a pasar unos días en el pueblo. Peter había planeado estar “un rato” en Juchitán y luego partir para Sudamerica, pero “conoció a una teca que trabajaba en Casa del Pueblo, se enamoró de ella y se casaron y así se quedó Don Peter hasta el final de su vida” cuenta su hijo Robert.

Peter y Laura se casaron por lo civil en Inglaterra, su enlace matrimonial se llevó a cabo en el templo de San Vicente Ferrer, para la ocasión vinieron los padres de Peter, todo estaba preparado para fiesta que “se aguó” por una tremenda lluvia que dejó sin luz eléctrica una parte de la ciudad por lo que la pachanga se canceló, sin embargo, hubo una celebración íntima y al día siguiente los novios se enfilaron a Acapulco a pasar su luna de miel.

Para sostener a su familia, Peter se asoció con Geoff, en la venta de tractores International y Massey Ferguson cuando la maquinaria para el campo casi no se veía, y con este negocio se involucró en el trabajo rural: arreglaba tractores, los operaba para hacer la rastra, sembró con éxito melones para exportación, sandías y maíz, a lo largo de casi 30 años.

Peter fue un hombre “honrado, honesto y trabajador” -cuenta Robert- trabajaba desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, responsable, no faltaba al trabajo aún cuando sus otros socios se iban de fiesta, comprometido a sacar la cosecha invertía más tiempo que el resto y sin embargo se repartían las ganancias a partes iguales.

Luego de tantos años dedicado al campo, con el tiempo se vinieron las dificultades por al agua, que empezó a escasear, por lo que Peter recibió amenazas de otros campesinos con machete en mano y hasta con arma de fuego, por lo que optaba por regar a altas horas de la noche.

Por su edad empezó a retirarse de la ardua labor del campo por un trabajo “extra”, se asoció con un italiano para poner una pizzería, su asociación apenas duró un mes, por lo que Peter y Laura decidieron poner una pizzería en Salina Cruz, una labor complicada porque tenía que viajar diariamente del puerto a Juchitán.

En 1993 instalaron “Peter Pizza”, la tercera pizzería de la ciudad, después de El gato montés y La Vianda, emprendimiento en la que trabajó en las últimas décadas, una herencia que dejó a su familia que aún mantiene funcionando en la Octava Sección.

Como buen inglés, Peter solía aclarar siempre que podía que no era “gringo” sino británico. No perdió contacto con su familia en la isla la que visitaba cada cierto tiempo llevándose consigo a su esposa e hijo, la última vez que regresó al terruño fue en 2022 llevado por su hijo.

A falta de espacio en la cripta familiar Peter fue cremado, una parte de sus cenizas se trasladarán a Inglaterra en donde le sobrevive un hermano y el resto se quedarán en Juchitán su segunda patria.

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