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Murió Melchor Peredo que donó su último mural a Juchitán

Murió Melchor Peredo que donó su último mural a Juchitán

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Ayudándose en el pasamanos, Melchor Peredo, descansaba y tomaba aire para seguir en el ascenso del cerro de Xadani, su compañera y eterna enamorada Lourdes Hernández Quiñonez estaba a su lado aguantando su ritmo por tener años menos que él. A sus casi 90 años el muralista se sostenía de un pasado de juventud apasionada, un volcán que se negaba a disiparse. Lento, despacio, parando a cada momento, la pareja llegó hasta la cima del gran montículo en donde se puede apreciar el paisaje de la planicie costera del Istmo de Tehuantepec.

Considerado uno de los últimos muralistas del realismo social mexicano, Melchor Peredo García, cuyos murales se esparcen por todo el país, aunque nació en la ciudad de México, en las últimas décadas tuvo su casa en Xalapa, Veracruz, en dónde pasó a ser un ícono de la ciudad. Ahí lo conoció la periodista Roselia Cha’ca quien fue su guía y su vínculo con Juchitán.

Gonzalo Bustillo Cacho vocero del Foro Ecológico Juchiteco, informó que el último o uno de los últimos murales del artista realizado con la técnica del fresco, lo donó al pueblo de Juchitán en el 2015. Es un orgullo para los juchitecos que una obra de este gran artista, uno de los últimos muralistas contemporáneos nos dejara uno de sus últimos legados, consideró Chalo Bustillo.

La providencia hizo que el su último mural quedara en una pared del edificio del Centro de Educación Ambiental “Julio Bustillo Cacho” y no en dónde originalmente quiso el artista pintar su obra para el pueblo: la Casa de la Cultura de Juchitán, que con el terremoto quedó devastada, y que con la remodelación seguramente los encargados no les hubiera importado destruirla, cuando fueron acusados de no respetar siquiera la arquitectura original.

Al no poder aterrizar su proyecto de mural con los directivos de la Casa de la Cultura, encontró las puertas abiertas y todo el apoyo en el Foro Ecológico Juchiteco, que gestionó los materiales y el maestro y el ayudante de albañil para llevara cabo la técnica del fresco. Se invitaron a artistas locales, principalmente a los jóvenes muralistas a participar en la elaboración conjunta de la obra, pero los temperamentos y riñas internas lo impidieron. Al final el pintor juchiteco, Miguel Ángel Charis, fue el que colaboró en el mural cuyo trazo original fue de Melchor Peredo.

No era la primera vez que el muralista mexicano pisaba tierras juchitecas, dedicado al arte desde los 11 años, en esos años mozos en la ciudad de México cuando estudiaba en La Esmeralda, escapó de la autoridad de sus padres para ser raptado por la bailarina Gloria Campobello que lo trajo a las tierras del Istmo, en donde pasó muchos días dejándole una profunda huella, según contó con su sonrisa pícara y la mata blanca de sus cabellos.

Al retomar sus pasos por el istmo, a la vez que dirigía el mural, paseaba junto con su última compañera y acudían a fiestas y convites. El maestro lo pasaba de lo mejor hasta que llegó la epidemia de la Chikunguña. Temeroso que a su edad no pudiera soportar los ataques de aquél mal se retiró, dejando un fragmento del mural, el de la bañista solamente con el trazo: “así quedó bien” dijo por último, el eterno joven muralista que nos dejó un año antes de completar el siglo.

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