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A tres años de la ausencia física del tenor Edilberto Regalado

A tres años de la ausencia física del tenor Edilberto Regalado

Gerardo Valdivieso Parada

Juchitán, Oax.- Inauguró el “teatro de la ciudad” en el 2007, último año del trienio de Alberto Reyna Figueroa, con un concierto en la que incluyó canciones de la mayoría de los compositores juchitecos en diidxazá, tanto los vivos como los muertos. Recuerdo haber esbozado una pequeña nota, y de encargarme del titular de la portada del periódico de mayor circulación en esos años en la ciudad que salió al otro día. La foto del tenor Edilberto Regalado apareció en la portada con los brazos extendidos recibiendo el aplauso del público: “Retumba el teatro de la ciudad con la voz de Edilberto Regalado” o algo parecido.

Antes de ese concierto no se sabía casi nada del tenor venido de Alemania, según las entrevistas que dio después, informó que había estudiado en el Conservatorio Nacional de Música la carrera de cantante de ópera y de concierto. Su carrera iniciada en 1992, tuvo un gran cambio al trasladarse a Nueva York y recibir la Beca en el Opera Estudio de la Opera Zürich, que lo llevó a Alemania.

Después de esa presentación en un desvencijado teatro de la ciudad, los que iban al baño al primer día tenían que echar agua con cubetas a las tazas de baño para luego ser desvalijado y finalmente ser convertido en motel de policías municipales, tuvo presentaciones en la Ciudad de Oaxaca con un repertorio de música del istmo y otras varias presentaciones en la región.

Con el tiempo ya no hubo casi presentaciones, como si su estrella, como el lucero de la mañana brilla en su cenit para luego aminorarse, se fuera yendo con la aparición del alba. Pero su brillo como persona nunca cayó, con su pelo ondulado y una sonrisa fresca, se lo podía encontrar en las calles o en algún lugar tomando una cerveza. De fácil trato, se dejaba tomar selfies sin nunca mostrar una cara adusta o triste, siempre en actitud de divo benevolente y servicial.

En una cabina del hotel Internacional solía recibir llamadas a larga distancia a una hora fija, los empleados contaban que hablaba en un idioma extranjero inentendible, a veces se exasperaba y daba manotazos; por el celular recibía llamadas de su madre a quién contestaba con toda la paciencia con que disponía, por ella había abandonado Europa para cuidarla al ser el hijo único, por cierto, su nombre completo fue Edilberto Regalado Ordóñez.

Peripatético, se lo encontraba en las calles caminando. Alguna vez no los encontramos el desaparecido poeta Vicente Alberto Gómez Velásquez y yo, sobre el corredor turístico Macedonio Alcalá, vestía como para un concierto con el cabello fresco recién lavado y con la sonrisa deslumbrante nos dijo que nos veíamos muy guapos, creo que lo había dicho por mi acompañante más que por mí, y se despidió con la frase “sean felices” antes de desaparecer en una esquina cerca de Santo Domingo.

En Juchitán coincidíamos no sólo en la calle sino en algún bar, solía traer una bocinita para escuchar sus canciones, porque no aguantaba la música de banda y narcocorridos que solían atiborrar en las rockolas. Decía estar harto de que la gente y sobre todo las autoridades no valoraran la buena música.

Ya a lo último cantaba en eventos particulares, en fiestas y al final de alguna misa para entonar algunas canciones profanas. En uno de esos compromisos dio su último suspiro, sin que hubiera violencia alguna como terminan muchos en esta ciudad de sangre, ni pasar un largo período enfermo. Tal vez haya pasado sus últimos momentos angustiado por el destino de su madre que ya no contaría con él.

Fue durante la misa dedicada a San José Patriarca en la capilla del mismo nombre en el Fraccionamiento La Riviera. Apenas había terminado de cantar el ultimo himno a San José y terminada la misa platicando con unas personas se desvaneció: “todo fue muy rápido, es posible que haya fallecido de un infarto fulminante” declaró el cantante, Víctor Robles, que lo acompañó en la guitarra

A tres años queda aún el recuerdo de su voz de tenor y su amor por su cultura, porque decía de él mismo que era el único mexicano que podía cantar arias y canciones en zapoteco, convicción que llevó hasta el último momento: “Soy de los pocos tenores o cantantes de música clásica que canta música indígena, tal vez el único, y me gustaría que hubiera otros. Mi esposa me decía: tú cantas para los europeos no para tu gente, entonces pensé: voy a cantar para mi gente.”

Edilberto Regalado Ordoñez, nació en Juchitán, el 1 de mayo de 1963. Estudió como ingeniero químico pero también fue estudiante de música en la escuela de Bellas Artes de Oaxaca, para luego ingresar en el Conservatorio Nacional de Música de donde egresó y obtuvo una beca para estudiar en la Casa de ópera de Zurich, Suiza, tras audicionar en Nueva York.

En 1993 se presentó en el Festival Internacional Cervantino. En 1994, durante la inauguración del Teatro de las Artes en la capital del país, interpretó a Roggerio en la “Idelgonda”, de Melsio Morales.

En 1997 se mudó a Alemania y hasta 2005 fue tenor principal en la Casa de Ópera de Eisenach, Alemania, en donde radicó con su esposa e hija. El tenor zapoteco para poder interpretar las arias, óperas y cantatas aprendió el alemán, francés e italiano.

En el 2007 con un concierto en donde interpretó canciones de autores zapotecos, inauguró el Teatro de la Ciudad de Juchitán. Se presentó en varias ocasiones en el teatro Macedonio Alcalá, con la Orquesta Sinfónica del Estado.

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