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Víctor Cha’ca. Madera, luna y terremoto

Víctor Cha’ca. Madera, luna y terremoto

Gerardo Valdivieso Parada

“Xu Ro’/Terremoto” de Víctor Cha’ca, es la segunda exposición con esculturas monumentales de madera. El primero fue Guendaxho (violencia) que se expuso hace una década en el museo de Santo Domingo, que incluyó su gran explanada o atrio del templo del mismo nombre. Como si fuera un performance macabro, un anuncio funesto de nuestros días, una persona fue asesinada a balazos frente al templo quedando tendido el cuerpo en medio de las esculturas de la violencia.

Esa primera muestra de obras de gran formato, hechas de raíces y madera rematadas con cerámica, se elaboraron en los primeros años de la residencia del pintor juchiteco en San Agustín Etla. Durante los cuales empezó su acercamiento con la población local y de vez en cuando pláticas con su paisano, el desaparecido artista oaxaqueño, Francisco Toledo en el Centro de las Artes. Consolidó su amistad y trabajo con el consumado ceramista pionero de la cerámica de alta temperatura, Claudio Jerónimo del taller Canela, de donde era asiduo el maestro juchiteco. En ese entonces aún no tenía su propio taller, después de haber abandonado la ciudad de México en donde trabajó por muchos años para la galería de Oscar Román.

Víctor Cha’ca aclara que su primer oficio no fue la carpintería, trabajo con la que mantuvo a su familia sus primeros años, sino la pintura. Cuando tuvo la edad de escoger un oficio, le dijo a su padre que quería ser pintor, que es como si le hubiera dicho que quisiera ser torero. Su padre hubiera comprendido si le hubiera comicado que se dedicaba a otro arte como la música, que es un oficio muy requerido por la gran cantidad de fiestas en su pueblo natal: Juchitán; o el oficio de unos familiares lejanos: pintores de casas. Ante su inusual petición de ser pintor de lienzos, su padre lo llevó con el pintor de estandartes o pendones en las festividades de las velas, avecindado en el barrio, don Cándido Carrasco. Por supuesto que el joven Víctor, dominó el oficio de su padre “Ta Ene”, la de la talabartería, una labor que identifica al barrio en donde nació y radicó en Juchitán: Cheguigo. Todavía hoy proliferan talleres para la elaboración de huaraches en el barrio, uno está ubicado frente a su casa, donde suele ir a sentarse a platicar con los dos artesanos solterones de su generación, ahí entre al rasgueo del cuchillo sobre la piel y el olor a pegamento, saborea copas de mezcal acompañadas con pláticas de antaño.

Desde sus primeros años de carpintero nunca se ha desprendido de la madera. De la sierra eléctrica y la garlopa pasó al buril, ya sea sobre la tabla de madera para trabajar la técnica de la xilografía hasta las esculturas. Algunas de sus esculturas han sido referentes en su ciudad natal. La que estuvo frente a la conocida joyería “La Esmeralda” a un costado del templo de San Vicente Ferrer, una figura femenina con cara de luna, los rostros de luna en cuarto menguante son persistentes hasta ahora en su obra escultórica. “Guendanabani” (vida) una de sus primeras obras monumentales que la gente conoció como “las espermas” que estuvieron en el crucero de la ciudad. De la madera suave y dúctil ha preferido la madera dura y nudosa, la que cuesta más trabajo modelar. De ese material están hechas las “planchas” o vigas de madera que sostiene los techos de las casas vernácula de Juchitán, cortadas en los montes y selvas cercanas y triadas en carreta, alzadas y colocadas con cuerdas y la habilidad y el conocimiento ancestral de los viejos carpinteros.

Esa luna en cuarto menguante que ha cautivado a Víctor Cha’ca que recurre en su obra escultórica, fue la misma que iluminaba la noche del 7 de septiembre de 2017, cuando se dio el terremoto que derribó casi la totalidad de las casas vernáculas o de techo de ladrillo en Juchitán. La premura con el que el gobierno quiso realizar la reconstrucción y la intromisión de empresas constructoras, llevó a no tomar en cuenta la reconstrucción de casas tradicionales respetando sus materiales y su arquitectura. Contados fueron los profesionales que trataron de salvarlas y que fueron desoidos. Con la amenaza de no recibir el apoyo del gobierno sus duerños aceptaron que las casas antiguas fueran limpiadas de la ciudad en escombros. ¿Qué hacer con los pesados troncos? Mas que arrumbarse para que los elementos y el tiempo los consumieran. Bajo la égida de esa luna, el artista se dio a la tarea de recolectar “los viejos troncos hundidos en el tiempo” como los describió en “Las Casas” el poeta “juchitico” Alfredo Cardona Peña. Durante ocho años trabajó sobre esa dura madera que guarda ecos de las antiguas casas, los gritos del parto, el cohabitar de las parejas, las oraciones y los lamentos ante el altar familiar, las palabras de despedida en el lecho de la muerte, las peleas, los asesinatos, el arrullo de los recién nacidos, mudos testigos alados suspendidos en los cascos de las casas durante décadas hasta su estrepitosa caída en el terremoto.

En los más de cuarenta piezas de “Xu Ro/Terremoto”, predominan las esculturas de mediano tamaño de madera, madera y metal, algunas con su desnudez de madera oscura, rojiza o parda, otras pintadas, otros son troncos sirviendo de base a una escultura metálica. Muestran los personajes de la galería personal del artista, desde los seres de rostros descarnados, hasta los acróbatas que se equilibran en lo alto de la madera cilíndrica enroscada. Las de gran formato recuerdan a las máscaras africanas, ya que Víctor Cha’ca se ha abocado a conocer los relatos primigenios de las culturas del continente que poblaron los primeros hombres para dispersarse por el mundo.

Víctor Cha’ca. Xu Ro’/Terremoto se inaugura el próximo 6 de febrero de 2026 a las 12 horas en el Centro Cultural San Pablo, con una charla de apertura a cargo del artista y el maestro Héctor Palhares, curador de la muestra.

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