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Las intrépidas, las visibilizadoras del mundo muxe’

Las intrépidas, las visibilizadoras del mundo muxe’

Por Gerardo Valdivieso Parada

El doctor en estudios mesoamericanos Víctor de la Cruz decía que los juchitecos trascendieron a la fama nacional en tres momentos de la historia. El primero fue durante la Revolución cuando Juchitán aportó un gran número de generales, y sus hombres se volvieron soldados de élite por su valor en combate. En sus memorias el general Álvaro Obregón los recuerda en una cita cínica pero triste: “no hay un panteón de la patria en donde no esté sepultado un juchiteco”. El segundo fue durante la pacificación del país, a partir de la década de los treinta, cuando con la figura y el traje de la mujer istmeña, trascendieron al cine nacional con películas como La Sandunga y Tierra de pasiones; figuras como Diego Rivera las pintaban en sus cuadros y murales, Tina Modotti las retrató y junto a Miguel Covarrubias, autor del libro el Sur de México llegaban al Istmo; Frida Kahlo adoptó su indumentaria y se eternizó con el traje regional en sus pinturas. El tercero, decía con cierta indignación y pena, la fama de Juchitán es de trascendencia nacional y hasta internacional por sus muxe’s.

Es innegable que los estudios académicos, documentales, películas, libros, reportajes en las revistas de moda, que ha dado fama nacional a los muxe’ se deben en gran parte a la vela de las Auténticas Intrépidas Buscadoras del Peligro.

La mayoría de los que fundaron las Intrépidas venían de estudiar en la ciudad de México, dos de ellos fueron los pilares: Néstor Santiago de Comitancillo y Oscar Cazorla de Juchitán. Como estudiantes en la capital conformaron un grupo de muxes istmeños que se puso un nombre en inglés castellanizado de las panteras negras: las Panther Blacks. Esto en los primeros años de los setenta.

De regreso a Juchitán se enfrentaron a la represión y persecución hacia los muxe’, por lo que optaron por visitar a Néstor en su pueblo Comitancillo, en donde los pobladores eran más tolerantes y amables. No tenían problemas para acudir a cantinas y fiestas. En una de éstas, recuerda Cazorla en una entrevista, que un grupo de jóvenes que conformaban un conjunto musical llamado Los Faraones, les brindaban una canción a los dos líderes de las panther blacks con una dedicatoria “a las intrépidas buscadoras del peligro”, frase que les gustó y acuñaron como nuevo nombre. Oscar Cazorla empezó a correr la voz de aquel paraíso de tolerancia a sus amigos, no sólo de Juchitán sino de Matías Romero y Tehuantepec.

Decidido a llevar a las intrépidas a Juchitán, Oscar Cazorla anunció a Nestor su proyecto de realizar una fiesta con el nombre de las Intrépidas para realizarse a su ciudad natal, a lo que siguió una discusión, que atajó el entonces joven adolescente Luis Rosas Arau “Huicho” al ponerles al grupo incidido “Auténticas Intrépidas” para diferenciarse de los de Comitancillo.

El convivio de las intrépidas en Juchitán se realizaba en un patio baldío, bajo una enramada, colindante con el río, algunos de ellos acudían con prendas femeninas y se realizaban show travestis en donde se imitaba a las cantantes famosas, un aspecto de la vela que ha desaparecido para dar paso al interminable desfile de delegadas y al espectáculo de la reina y sus bailes.

Desde los años álgidos de la lucha política en Juchitán en los setenta y ochenta, las Intrépidas incluso antes de identificarse así, fueron señaladas por la COCEI de ser “un grupo de choque del PRI”, uno los imagina con tubos, cuchillos y pistolas “rompiendo madres”, pero los muxes como Rafael López Haz “Falo Haz”, Manuel García “Rubia” o Duende y después el mismo Cazorla, y otros muxes sólo animaban y contagiaban con sus ocurrencias los mítines del PRI.

La existencia de muxes en las filas del entonces partido oficialista le sirvió a la COCEI para burlarse de sus enemigos priistas. En 1983 después de que el Congreso del Estado desapareciera los poderes y el ejército tomara el palacio municipal desalojando al ayuntamiento popular, el trovador Mario Esteva compuso la canción “La princesa Caramelo” una parodia al ritmo de una canción de Chico Che, ridiculizando al designado como administrador municipal, cuya orientación sexual es públicamente conocida, Augusto Carrasco Gómez, y que su gobierno se iba a llenar de funcionarios muxes empezando por Oscar Cazorla.

Los dirigentes políticos del PRI financiaron al primer equipo de basquetbol, cuya primera generación se llegó a llamar las Auténticas Intrépidas Revolucionarias (AIR).

Aunque Cazorla nunca dejó de ser priista, actualmente a las Intrépidas no se les puede tachar de pertenecer a ningún partido, incluso su falta filiación política les ha permitido a la hora de solicitar apoyos o “pasar la charola” a las autoridades de todos los partidos, así como a funcionarios y representantes populares. Coronar a la reina de las Intrépidas es un codiciado escaparate político. Que por cierto el dinero ha sido tema de controversias y peleas, incluido la escisión de varios sus integrantes para formar sus propias velas, que con los años han vuelto al redil.

Elí Bartolo Marcial que no se consideraba parte de las Intrépidas pero llevó un puesto por varios años, sacaba a colación lo que le habían increpado un grupo de españoles sobre la vela, al etiquetar a los muxes como “marquitas apolíticas”, porque aparentemente sólo era una fiesta que no contribuía en nada en defender los derechos de la comunidad diversa.

La acusación no es del todo cierta. Respecto al derecho a la salud sexual, la sociedad de la vela tuvo mucho que ver en la lucha contra la pandemia del SIDA. Oscar Cazorla, apoyó de forma decida al recién creado Gunaxhii Guendabani fundado por un grupo de mamás juchitecas, su presidenta Judith Saynes contó que la matriarca de las intrépidas, obligó a los socios a participar en los talleres de prevención, y años después varios de ellos fueron formados como líderes muxes y otros participaron en skech teatrales para divulgar de forma lucida los peligros del VIH y se constituyó Intrépidas contra el SIDA.

Si es cierto que la creación de la vela de las Intrépidas se concibió como un negocio, es natural pensando que Oscar Cazorla era un gran empresario y visionario -a la par que abrió la pequeña fiesta a una vela “formal” inauguró el salón con su apellido fue un gran acierto- la fiesta ha contribuido a un mejor ambiente de tolerancia no sólo en Juchitán sino también afuera, al hacer visible el mundo muxe’. Con los años esta vela fue tomando tanta trascendencia y atención que sacó a los muxes a la calle e hizo visible a una comunidad casi oculta, y al proyectarse a nivel nacional e internacional, se hizo normal ver a los muxes en el cine, en la televisión, en las noticias, en las revistas, en la redes sociales, normalizando la existencia de los muxes, llegando incluso al orgullo que hasta personas que no son originarios del Istmo se sientan muxes y hasta sean mayordomos de la vela como en este año.

El mayor logro de las Intrépidas al posicionarse como una comunidad muy reconocida, es haber logrado cambiar la connotación negativa de la palabra muxe’, aunque todavía mantiene esa carga de insulto, desde fuera se ha adaptado como una identidad de orgullo. Eso ha sucedido hace apenas unos años atrás, hace una década nadie quería identificarse con la palabra, ni estar ligado a ella. ¿cómo surge este orgullo muxe’? me perdonarán pero es mi visión: inició con una marca de cerveza y después de esa campaña del grupo Modelo, se empezó a acuñar la palabra “muxe orgullo”, ayudado o aunado a la gran publicidad gratuita de los muxes.

En cuanto a la trascendencia de la vela de las Intrépidas fuera de Juchitán, tuvo mucho que ver el que Oscar Cazorla haya vivido muchos años en la ciudad de México y que haya invitado a sus amigos a disfrutar de la vela. Colaboró en algo que Elí Bartolo. En el ámbito académico el tema muxe’ que innegablemente lleva a las Intrépidas, se dio a conocer gracias al magnífico trabajo de investigación de la italiana Marinella Miano Borruso: Hombre, mujer y muxe’ en el Istmo de Tehuantepec, obra toral e ineludible para cualquiera que quiera conocer a los muxe’, no sólo para investigadores y académicos sino para cualquier persona incluso para los mismos muxes.

He escuchado a varios homosexuales, algunos de closet, que consideran que en nada ha ayudado la vela en sus derechos, pero la sociedad juchiteca es más tolerante gracias a que, por ejemplo, en las regadas de las intrépidas por lo menos un día al año los muxes toman las principales calles, no con pancartas y gritos de exigencias de respeto a sus derechos, pero sí con su visibilidad, he visto cómo alguna voz homofóbica, se diluye y se ignora por las miles de personas que salen a admirar el desfile.

Antes de la vela de las Intrépidas hubo velas como la Jazmín que era identificada como una vela muxe’ porque la mayoría de sus puestos las llevaban muxes y porsupuesto sus invitados también, actualmente esa vela de la Quinta Sección está casi extinta. Pero habría que marcar que la fiesta de las intrépidas es una festividad sui géneris, se ha convertido cada año en un producto para afuera y no se ha consolidado como una verdadera vela. Una de las características de las velas tradicionales es que están ligados a lugares sagrados en las que actualmente se adora a la santa cruz, y a los santos a la que rendían tributo los gremios, barrios, y luego de la batalla de 1866 se unieron apellidos de familias. La Vela de las Intrépidas que es la más concurrida y no ha presentado crisis de mayordomos como otras, adolece de una figura religiosa que la identifique y va cambiando conforme a la fe del mayordomo en turno, que ha pasado de San Vicente, la virgen y San Sebastián. Por no tener una figura religiosa fija, no realiza toda la ritualidad de una vela pues no cuenta con un baúl, figura muy importante porque antes que organizarse en sociedades las velas las organizaban las cofradías, palabra que proviene de la palabra cofre. Por lo consiguiente no celebran la dejada del baúl a la casa de los mayordomos, la labrada de cera ni la costumbre de buscar el apoyo del pueblo a través de la venta de leche.

Como todas las velas de Juchitán, el aumento de la población y el paso de pueblo a ciudad, ha trastocado las tradiciones, hace 75 años las familias cargaban con sus sillas para sentarse en la vela, los alimentos eran sencillos, la torta compuesta y dulces además de horchata se repartía en la noche de gala, bastaban los patios y las calles para levantar el telón. Había un orden en la disposición de los invitados, las jóvenes casaderas se sentaban en primera fila y las mayores atrás de ellas y hasta atrás los hombres, los bailes eran amenizados por sencillos conjuntos de viento y marimbas. Hace cincuenta años las cervezas no se introducían al festejo, las empresas cerveceras usaban a las taberneras para ofrecer su producto en la entrada de la fiesta y los hombres tenían que salir para poder tomar cerveza.

Ahora no hay espacio suficiente para las miles de personas que acuden a una vela. Se ha roto toda armonía en la disposición del conjunto, las personas llegan a raudales y ocupan los espacios donde pueden, se enriquecieron los alimentos y se pasó de la simple torta compuesta a toda una variedad de viandas de todo tipo de influencias. La abundante demanda y consumo de cerveza llegó a introducir una nueva tradición consumista: la de cooperar con un cartón de cuartitos y a depender de las cerveceras perdiéndose la autonomía económica de las sociedades y su vinculación con el pueblo para sostener las festividades. Se han perdido los momentos ceremoniales debido a la comodidad: no se levanta la enramada para la labrada de cera y en su lugar se levanta un stad, la mayoría de las velas ya no levantan el telón y todo el ceremonial que conllevan esta actividad de los hombres.

En el caso de las intrépidas una fiesta de amigos se ha convertido en una serie de eventos que exigen un mayor esfuerzo, coordinación, logística y dinero. De un pequeño patio baldío pasó a salones cada vez más grandes hasta llegar a un enorme patio de cemento alejado de la ciudad que crece de forma monstruosa. A más complejidad y proyección internacional, se han quedado en el camino, los show travestis de las mismas intrépidas y hasta la intimidad y exotismo como la de rifar a un joven mayate entre los asistentes que sería pagado con el dinero reunido. Difícilmente la primera reina de las intrépidas, que bailó con su traje de princesa con botas de obrero, tendría oportunidad hoy de acceder a la corona por lo que tiene que aportar a la vela, tanto, que las últimas reinas ya no son locales sino de fuera.

Sin embargo la vela se consolida tanto adentro como afuera. A la sociedad de la vela se integran más jóvenes que le dan más vitalidad y aseguran la continuación de su celebración; además de su acercamiento al tomar cargos como capitanas, con la posibilidad en el futuro de integrarse a la sociedad. La constante apertura de la sociedad incluye a las mujeres como el caso de una aliada como Rogelia González Luis, en sus inicios cuando era sólo una pequeña fiesta, señoras de la sociedad juchiteca priistas eran invitadas al festejo de los muxe’ a la que acudían con una botana y se retiraban antes de que empezara el show; pero también muy importante la integración mujeres lesbianas como el caso de Roxana y la apertura de la semana cultural a la poesía lésbica.

Independientemente de que este boom por los muxe’ que inició hace treinta años que en lugar de aminorar crece y no parece ser una moda efímera, el prestigio de las Intrépidas no acaba entre televisoras, revistas, cineastas, creadores, principalmente en el extranjero, anima a los jóvenes a la deslumbrante pasarela de la vela, pero a la vez consolida su relación con las tradiciones y principalmente con el traje regional istmeño, que aunque para algunos es una “falta de respeto a las mujeres” los muxes en las últimas décadas han sido y son una de las fuertes bases de su proyección en el mundo

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